PATRIMONIO CULTURAL Y MEDIO AMBIENTAL

Velilla de Ebro, “agua y patrimonio”

A escasos 50 kilómetros aguas abajo de Zaragoza, en la margen izquierda del Ebro, Velilla, acumula, en los casi 6 kilómetros cuadrados de extensión de su término municipal una perfecta secuencia de la historia del Valle Medio del Ebro, que se remonta a sus orígenes iberos, para continuar con el esplendor de la colonia romana Lépida Celsa, momento cumbre del pasado remoto de nuestro hoy pequeño municipio.

Es Velilla un pueblo de contrastes, desde el impresionante Mirador de San Nicolás podemos apreciarlo con nitidez: el verdor y la feracidad de sus huertas y mejanas en las riberas del Ebro contrastando con lo secanos implacables, casi monegrinos, de los montes que circundan la llanura aluvial. Este espectacular contraste, configura el medio natural, cuyo término está afectado por numerosas figuras de protección ambiental.

Plano

A los pies del mirador, el casco urbano mantiene la estructura tradicional de los pueblos de la ribera del Ebro, destacando sobre el caserío la esbelta torre mudéjar de su iglesia parroquial. Velilla conserva, además, un interesante conjunto hidráulico compuesto por lavadero, molino harinero y norial de doble rueda.

A ello hay que añadir la riqueza que esconde su subsuelo: el alabastro, piedra ornamental apreciada desde antiguo. De las canteras de Velilla se extrajo, por ejemplo, el alabastro del Retablo Mayor del Pilar de Zaragoza, obra del escultor Damián Forment, material con el que también se talló el desaparecido de la Ermita de San Nicolás de Velilla de Ebro y que fue obra del mismo escultor.

Otro importante recurso de Velilla es su patrimonio inmaterial, del que destaca la famosa leyenda de la “Campana del Milagro”, recogida en numerosas fuentes históricas, que llevaron el nombre de Velilla más allá de nuestras fronteras, siendo numerosas las citas literarias que recogen esta leyenda.

Por todo ello, la corporación municipal de Velilla de Ebro está empeñada, desde hace años, en que todos estos recursos, materiales e inmateriales, se conserven y se pongan adecuadamente en valor, para que de esta forma nuestro pequeño municipio pueda diversificar se estructura económica, basada en la agricultura y la ganadería, y poder encarar el futuro con esperanza para los jóvenes.

Conjunto hidráulico

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Los ingenios hidráulicos: azudes, molinos, noriales, centrales eléctricas, casetas de turbinas, lavaderos, etc. son una de las señas de identidad de la Comarca Ribera Baja del Ebro. Estas arquitecturas netamente utilitarias nos hablan de la antigua relación de sus habitantes con el río, razón de ser de este territorio.

El Conjunto Hidráulico de Velilla es uno de los más interesantes de la Comarca, debido a sus características de ubicación y construcción en un espacio natural delante del casco urbano, sobre un brazo del río que circunda una fértil mejana, en el que se emplazan las dos norias de riego, el molino harinero con dos rodeznos y un lavadero. En los años 50 del siglo XX se demolió parte del norial para instalar una turbina que reemplazaba el anterior sistema de elevación de agua para el riego proporcionado por las norias. Con la rehabilitación del conjunto, finalizada en 2011, se conserva la turbina y las norias, representando un eficiente sistema de riego que no consume energía eléctrica.

Los datos históricos que se tienen de este conjunto hacen referencia a la importancia de garantizar el riego de las fértiles huertas de las riberas del río. Entre 1381-1775, el riego de Velilla se realizaba con el agua derivada del Azud de Gelsa hacia la Acequia de Boquera, estando obligados los habitantes de ambos municipios a mantener conjuntamente el azud y las infraestructuras de riego. Sin embargo no existía molino en la localidad, lo que obligaba a los vecinos de Velilla a moler en el molino de Gelsa, propiedad de los Condes de Atarés, titulares de la Baronía de Quinto. Pese a la oposición del conde, la obra se debió iniciar poco después de 1779, en 1878, se reedifica el molino, en el mismo lugar en el que se encontraba el antiguo, que debía ser contemporáneo al norial.

La tipología de norial de dos ruedas en paralelo, es específica de esta Comarca, siendo la de Velilla -junto con la del Monasterio de Rueda de una sóla rueda- las únicas rehabilitadas hasta el momento.

Parroquia de la Asunción de Nuestra Señora

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La iglesia parroquial de la Asunción de Nuestra Señora es obra de la segunda mitad del siglo XVI. Se accede al interior por un sencillo arco de medio punto a los pies. Se trata de una iglesia, de proporciones muy armónicas, de una sóla nave con capillas laterales entre los contrafuertes -en una reforma del siglo XVIII se perforaron los contrafuertes, dando la sensación de tres naves-, coro a los pies, ábside poligonal y cubierta con bóvedas de crucería estrellada.

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Al exterior destacan los contrafuertes y la galería de arquillos que recorre el piso superior por encima de la línea de los contrafuertes, pero especialmente llama la atención la esbelta torre, de factura mudéjar, que sobresale como referencia topográfica desde varios kilómetros de distancia.

El cuerpo inferior de la torre está decorado en su parte alta con bandas de esquinillas dispuestas al tresbolillo o en dientes de sierra. En el segundo cuerpo se suceden en altura tres paños de cruces de múltiples brazos formando rombos separados por fajas de esquinillas simples. En la parte alta abre en el centro de cada paño un vano doblado en arco de medio punto con ornamentación de rombos y esquinillas en los laterales y parte alta. La separación entre cuerpos se realiza mediante sencillas cornisas sobre ménsulas en forma de pirámide invertida. En el siglo XVII, dentro de las reformas que se acometieron en el templo, se elevó la torre añadiéndole un cuerpo octogonal con contrafuertes en las esquinas rematado en chapitel metálico.

Ermita y Mirador de San Nicolás

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Enlazan la parroquial con la parte alta del municipio unas escaleras monumentales recientemente restauradas, en la cima se encuentra la Ermita de San Nicolás, de origen románico -como así lo atestigua su imponente ábside-, pero muy reformada en los siglos XVII y XVIII. La fachada está rematada por una espadaña con tres vanos, en la que se ubicaba la famosa “Campana del milagro”.

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El interior de la iglesia, de tres naves, acogió un magnífico retablo de alabastro de Damián Forment, dedicado a San Nicolás, en las capillas laterales se conservan restos de pinturas barrocas muy deteriorados en la actualidad. Probablemente, la Ermita de San Nicolás está edificada sobre los restos del antiguo templo romano dedicado a Diana y perteneciente a la Colonia Celsa.

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En este entorno se ubica el Mirador de San Nicolás, desde su barbacana se puede apreciar una magnífica vista del Valle Medio del Ebro que nos ayudará a comprender mejor las peculiaridades de este territorio.

Mirador

La Campana del Milagro

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Esta popular leyenda es una de las de mayor difusión en nuestro País y sus ecos han transcendido nuestras fronteras. Una de las leyendas comienza en el año 418 y probablemente esté relacionada con la cristianización del lugar.

Una de las principales narraciones de su origen es bellísima: En muy antiguos y desconocidos tiempos, antes de la venida de los sarracenos, llegó la campana del Milagro a la costa mediterránea cerca de la desembocadura del Ebro y las gentes del contorno se vieron sorprendidas porque flotaba sobre el mar y llevaba consigo dos velas encendidas. Trataron de sacarla del agua, pero cuantas veces se acercaban a ella se hundía y emergía de nuevo cuando abandonaban la empresa. De esta forma comenzó a remontar el río contracorriente, los ribereños intentaban tomarla y entonces se sumergía. Así llegó a Velilla, donde se detuvo; pero nuevamente se hundía o sobrenadaba cuando los hombres se acercaban con garfios para sacarla del agua, sin embargo, no se movía del lugar, como si estuviera decidida a quedarse aquí. En esto se aproximaron tres doncellas y no hicieron más que poner sus manos sobre ella, cuando se elevó sobre el lecho del río, posándose en la orilla.

Encontramos otras alternativas de cómo pudo llegar esta campana a la localidad, bien fuese regalada por San Bonifacio I; por San Paulino de Nola; obsequiada por el rey Godo Wabma, entre otras.

Al poco, según recogen numerosas crónicas, entre ellas las de Zurita, Blancas, Dormer, Gregorio de Argáiz, comenzó a tañer sola principalmente para anunciar desgracias o proclamar algunas venturas. Se cuenta que tañó sola para anunciar la muerte de Fernando el Católico, la de Pedro Arbués, Felipe II, Felipe IV…

Con el paso de los siglos la campana, conocida con el nombre de Milagrosa, se fue deteriorando y resquebrajando, y desde el S. XVII comenzaron a tocar otras dos campanas sin intervenir mano humana alguna, la “María Nicolasa” y la “Águeda”, que posiblemente esta última, fuese obsequiada por el rey Fernando II “El Católico” a la localidad velillense en gratitud por los tañidos emitidos en el intento de asesinato hacia su persona en el año 1492. Esta última campana se conserva intacta, sin modificación ni refundición alguna y puede verse en lo alto de la Ermita.

Colonia romana Lépida-Celsa

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La colonia Celsa fue el primer asentamiento romano del Valle del Ebro. Con una extensión de más 44 hectáreas, Celsa existió durante un corto periodo de tiempo, desde el año 44 a.C. hasta el año 70 d.C., años durante los cuales desempeñó un papel fundamental como nudo de comunicaciones, por estar situada en la Vía Augusta y comunicar importante ciudad de Tarraco con el Valle del Ebro. También fue un lugar de importantes intercambios comerciales al contar con cauce fluvial navegable. Hasta allí llegaban salazones béticas, vino tarraconense, cerámica de Tarso y del norte de África, mármoles tunecinos, turcos e italianos, etc. y se exportaban los cereales y otros productos de la zona.

La ciudad fue fundada por Marco Emilio Lépido, gobernador de la Hispania Citerior, sobre lo que era un poblado íbero llamado Kelse, bautizando la ciudad con su nombre, Victrix Iulia Lépida. En el año 36 a.C., Lépido es desterrado, y la colonia pasa a llamarse Victrix Iulia Celsa, latinizando Augusto su nombre indígena. En tiempos de Nerón, empezó a decaer sin signos de violencia. Su declive irreversible se convirtió en abandono y la tierra fue cubriéndolo todo sin que otro pueblo se asentara sobre ella. Los motivos del abandono no están claros, hay hipótesis que apuntan a la cercanía de la colonia Cesaraugustana y otras que se inclinan porque el motivo fue que Roma puso a la colonia demasiadas trabas administrativas. Celsa recibió el rango de colonia, que era el más alto que Roma daba a una ciudad, siendo ésta y Caesaraugusta (Zaragoza) las dos únicas colonias que hubo en el Aragón romano.

Yacimiento

En el proceso de reorganización de territorios hispanos, se crearon tres provincias, Tarraconense, Bética y Lusitania, divididas en conventos jurídicos (distritos menores con funciones judiciales y administrativas); de ellos, el regido por Caesarugusta, el Convento Jurídico Caesaraugustano, era uno de los más extensos de los siete en los que se dividía la provincia Tarraconense. Caesaraugusta asumió desde un primer momento el papel de cabecera regional, sustituyendo a la colonia Victrix Ivlia Celsa. El Conventus englobaba dos coloniae (Celsa y Caesaraugusta) y 17 municipios situados en las cuencas del Ebro, Jalón, Segre, Cinca y el Corredor del Henares, entre los que destacan: Bílbilis (Calatayud), Ilerda (Lérida), Calagurris (Calahorra), Osca (Huesca), Turiasso (Tarazona), Ercávica y Complutum (Alcalá de Henares).

En Celsa, que llegó a contar con 4.000 habitantes, se asentaron veteranos licenciados de las legiones, los cuales recibían un lote de tierra para cultivar y en época imperial la ciudadanía romana.

Actualmente sólo está excavada una pequeña parte, la zona visitable permite ver las calles y las casas de la zona Noroeste de la ciudad, además se han localizado tiendas (tabernas), un pequeño mercado, restaurante (popina), panadería (pistrinum) y un área de almacenamiento.

Las excavaciones han sacado a la luz restos de varios inmuebles residenciales de gran interés, entre los que destacan la “Casa de los Delfines” o la “Casa de Hércules”, con importantes pinturas murales y tramos importantes del cardo y del decumano, así como los emplazamientos de posibles edificaciones religiosas, del teatro, del foro, de importantes depósitos de agua, termas, necrópolis y otros edificios públicos.YacMosaicoDelfines

Los arquitectos romanos estudiaron detenidamente los desniveles de este terreno aterrazado, para que las calles evacuaran el agua de lluvia hacia el Ebro porque, a diferencia de otras ciudades romanas, ésta no tenía alcantarillado. Por ese motivo las arterias principales de la ciudad son paralelas y perpendiculares al río.

Se conservan también numerosos restos muebles como lucernas, platos de engobe rojo pompeyano, cerámicas ibéricas, etc., así como pequeños bronces, restos escultóricos, monedas y pequeñas piezas de orfebrería.

Desde mediados del siglo II hasta la primera mitad del siglo I a.C., Celsa acuñó moneda propia con el rótulo de Kelse y representaciones de Victorias aladas, Hércules y Venus. A partir del año 36 a.C., tras la caída de Lépido y el consecuente cambio de nombre de la ciudad, se acuñó con el nombre indígena latinizado (Celsa), hasta época de Claudio, con retrato del emperador en el anverso y toro en el reverso.